Hormonas, cuerpos diversos y obesidad

¿Qué son las hormonas y como funcionan?

Al mirar a nuestro alrededor, es imposible no notar la enorme diversidad de cuerpos humanos. Hay personas altas o bajas, delgadas o más robustas, con complexiones atléticas o redondeadas. Cada cuerpo es único, y esa diversidad responde a muchos factores: nuestra genética, nuestro entorno, nuestras experiencias… y también, de manera muy importante, a nuestras hormonas. Estas pequeñas pero poderosas moléculas actúan como mensajeras internas, regulando funciones vitales como el crecimiento, el metabolismo y el apetito. Su impacto es tan profundo que moldean desde nuestros huesos hasta nuestros estados de ánimo. 

¿Qué son exactamente las hormonas y cómo funcionan? 

Las hormonas son sustancias químicas producidas por glándulas específicas del sistema endocrino, como la tiroides, el páncreas o las glándulas sexuales. Una vez liberadas al torrente sanguíneo, viajan por el cuerpo hasta alcanzar sus células blanco, donde desencadenan respuestas precisas. Gracias a las hormonas crecemos, maduramos sexualmente, dormimos, sentimos hambre o saciedad, y nos adaptamos al estrés. 

Un ejemplo claro del poder de las hormonas se encuentra en las sexuales: la testosterona, los estrógenos y la progesterona. Estas hormonas, presentes en distintas proporciones en hombres y mujeres, desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de características sexuales secundarias, como la distribución de la grasa corporal, la masa muscular o el crecimiento del vello. De hecho, el equilibrio entre estas hormonas es uno de los biomarcadores más utilizados para identificar el sexo biológico de una persona. Pero, más allá del sexo y la reproducción, estas hormonas también participan en procesos metabólicos, y su influencia puede extenderse a condiciones complejas como la obesidad. Entonces, surge la pregunta: ¿Cómo es que las hormonas se relacionan o influyen en la obesidad? 

La obesidad: más allá de la comida y el ejercicio 

La obesidad es una de las condiciones de salud más prevalentes a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud, su incidencia ha aumentado drásticamente en las últimas décadas, afectando a personas de todas las edades y regiones del mundo. Sin embargo, reducirla a una simple cuestión de “comer menos y moverse más” es impreciso e incluso científicamente injusto. 

Hormonas presentes en distintas proporciones-en-hombres-y-mujeres

En realidad, la obesidad es una condición multifactorial, lo que significa que resulta de la interacción de numerosos factores: genéticos, metabólicos, psicológicos, ambientales y sociales. El contexto socioeconómico de una persona, su acceso a alimentos saludables, su nivel de estrés, su historial familiar y muchos otros elementos pueden influir en el desarrollo del sobrepeso. Además, la biología interna del cuerpo juega un papel central, y aquí es donde las hormonas entran en escena. 

 El caso de la hormona del apetito 

Entre las muchas hormonas que regulan el apetito, una de las más estudiadas es la leptina. Esta hormona es producida por las células del tejido adiposo (la grasa corporal) y actúa como una señal para el cerebro: cuando hay suficiente energía almacenada, la leptina le comunica al hipotálamo que ya no es necesario seguir comiendo. En teoría, más grasa corporal significa más leptina, y más leptina debería reducir el apetito. 

 El caso de la hormona del apetito

Sin embargo, en muchas personas con obesidad, este mecanismo parece no funcionar como se espera. Existe un fenómeno llamado “resistencia a la leptina”, en el que el cerebro deja de responder adecuadamente a los altos niveles de esta hormona. Es decir, aunque el cuerpo envíe señales de saciedad, el cerebro no las registra eficazmente, lo que puede llevar a un aumento continuo en la ingesta de alimentos. Este es un claro ejemplo de cómo los desequilibrios hormonales pueden contribuir al mantenimiento de la obesidad, y cómo esta condición no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad. 

Además de la leptina, otras hormonas como la grelina (que estimula el apetito), la insulina (que regula los niveles de azúcar en sangre) y el cortisol (relacionado con el estrés) también tienen funciones clave en el metabolismo y el comportamiento alimentario. Todas estas hormonas interactúan entre sí en un sistema complejo que aún no comprendemos del todo. 

Cuando las hormonas sexuales marcan la diferencia 

Un aspecto cada vez más reconocido por la comunidad científica es la importancia de considerar las diferencias entre sexos en el estudio de la obesidad. Los cuerpos de hombres y mujeres, influenciados por diferentes perfiles hormonales, no almacenan ni procesan la energía de la misma forma. 

Por ejemplo, los estrógenos promueven una acumulación de grasa en zonas como las caderas o los muslos, mientras que la testosterona favorece una distribución más centrada en el abdomen. Esta diferencia no solo es estética: la grasa visceral, más común en hombres, está asociada a un mayor riesgo de enfermedades metabólicas. Además, los niveles de estrógenos pueden influir en la sensibilidad a la leptina y en el gasto energético, lo que explica por qué muchas mujeres experimentan cambios en su peso durante etapas de desequilibrio hormonal como la menopausia. 

Según el artículo “Sex- and Gender-Related Differences in Obesity” (Koceva et al., 2024), estas diferencias hormonales también tienen implicaciones clínicas importantes. Por ejemplo, los tratamientos para la obesidad podrían no tener la misma eficacia en hombres y mujeres si no se toman en cuenta sus perfiles hormonales específicos. La investigación sugiere que adaptar las estrategias terapéuticas con perspectiva de género podría mejorar los resultados a largo plazo. 

Cuando las hormonas sexuales marcan la diferencia

La obesidad no es el resultado de una sola causa, ni puede tratarse con soluciones universales. Las hormonas juegan un papel central en este rompecabezas biológico, influenciando nuestra sensación de hambre, el almacenamiento de grasa y hasta la forma en que respondemos a ciertos tratamientos. Al entender mejor el papel de las hormonas – y considerar además las diferencias entre cuerpos femeninos y masculinos – podemos avanzar hacia una medicina más precisa y justa para todos. Porque al final, comprender la diversidad de los cuerpos es un acto de respeto y de ciencia. 

 

Referencias 

 

Koceva, A., Herman, R., Janez, A., Rakusa, M., & Jensterle, M. (2024). Sex- and Gender-Related Differences in Obesity: From Pathophysiological Mechanisms to Clinical Implications. International journal of molecular sciences, 25(13), 7342. https://doi.org/10.3390/ijms25137342  

 

Khanna, D., Khanna, S., Khanna, P., Kahar, P., & Patel, B. M. (2022). Obesity: A Chronic Low-Grade Inflammation and Its Markers. Cureus, 14(2), e22711. https://doi.org/10.7759/cureus.22711  

 

Perakakis, N., Farr, O. M., & Mantzoros, C. S. (2021). Leptin in Leanness and Obesity: JACC State-of-the-Art Review. Journal of the American College of Cardiology, 77(6), 745–760. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2020.11.069  

 

McMurray, R. G., & Hackney, A. C. (2005). Interactions of metabolic hormones, adipose tissue and exercise. Sports medicine (Auckland, N.Z.), 35(5), 393–412. https://doi.org/10.2165/00007256-200535050-00003  

 

Ylli D, Sidhu S, Parikh T, et al. (2000, Updated 2022 Sep 6) Endocrine Changes in Obesity. In: Feingold KR, Ahmed SF, Anawalt B, et al., editors. Endotext [Internet]. South Dartmouth (MA): MDText.com, Inc. Available from: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK279053/  


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