¿Puede el embarazo cambiar la forma en que envejecemos las mujeres?

Salud reproductiva: ¿Puede el embarazo cambiar la forma en que envejecemos las mujeres?

La conexión entre salud reproductiva, nutrición y envejecimiento saludable.

Cuando pensamos en el envejecimiento, solemos imaginar una etapa lejana de la vida. Pensamos en la menopausia, la osteoporosis, la pérdida de fuerza muscular, el deterioro cognitivo o las enfermedades crónicas que aparecen con el paso de los años. Rara vez pensamos en el embarazo. Sin embargo, la ciencia nos está invitando a cambiar esa perspectiva. El envejecimiento saludable no comienza a los 60 años, ni siquiera con la menopausia. Se construye mucho antes, a lo largo de la vida, y una de las etapas más importantes para hacerlo es la etapa reproductiva.

Paradójicamente, el embarazo es uno de los momentos en que una mujer tiene mayor contacto con los servicios de salud. Durante esos meses se realizan consultas frecuentes, estudios de laboratorio, evaluaciones nutricionales y un seguimiento médico cercano. Se vigilan el aumento de peso, la presión arterial, la glucosa, el estado nutricional y múltiples aspectos de la salud materna y del feto.

Sin embargo, una vez que nace el bebé, algo cambia. La atención médica se centra, como es natural, en el recién nacido. Las visitas al pediatra se vuelven frecuentes, mientras que el seguimiento integral de la madre disminuye considerablemente. Muchas mujeres pasan años, e incluso décadas, sin una evaluación de su composición corporal, su estado nutricional o su salud metabólica, hasta que aparecen problemas como obesidad, diabetes, hipertensión o los primeros síntomas de la menopausia.

¿Qué sucede durante todo ese tiempo?

El enfoque de curso de vida, promovido por la Organización Mundial de la Salud, propone una forma distinta de responder esa pregunta. En lugar de considerar el envejecimiento como una etapa que comienza en la vejez, plantea que es el resultado de procesos biológicos, ambientales y psicosociales que se acumulan a lo largo de toda la vida. Desde esta perspectiva, la salud reproductiva deja de ser un episodio aislado para convertirse en una oportunidad estratégica para construir un envejecimiento más saludable.

Uno de los principales determinantes de esa trayectoria es la capacidad funcional, es decir, la posibilidad de mantener la independencia, la movilidad y la calidad de vida con el paso de los años. Esa capacidad depende, en gran medida, de conservar músculos fuertes, huesos sanos y una buena salud metabólica y mental, procesos que comienzan a modificarse mucho antes de que aparezcan los primeros signos visibles del envejecimiento.

A partir de la cuarta década de la vida la masa muscular comienza a disminuir de forma gradual si no existen estímulos adecuados, como la actividad física y una alimentación suficiente en proteínas y otros nutrimentos esenciales. Algo similar ocurre con el tejido óseo. Aunque la pérdida acelerada suele relacionarse con la menopausia, la reserva ósea con la que una mujer llega a esa etapa se construye durante muchos años. En estos procesos, la nutrición desempeña un papel fundamental.

Con frecuencia asociamos la malnutrición únicamente con el bajo peso o con la obesidad. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Una mujer puede vivir con obesidad y, al mismo tiempo, presentar deficiencias de proteínas, vitamina D, calcio, hierro y otros micronutrientes indispensables para mantener músculos y huesos sanos. Esta situación, conocida como doble carga de la malnutrición, representa uno de los mayores desafíos para la salud pública y puede comprometer la salud mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas del envejecimiento.

El embarazo ofrece una oportunidad única para identificar muchas de estas condiciones. Las complicaciones como la obesidad, la diabetes gestacional o los trastornos hipertensivos del embarazo no solo aumentan el riesgo de problemas durante la gestación, también pueden revelar una mayor vulnerabilidad metabólica que acompañará a la mujer durante las siguientes décadas si no se interviene oportunamente.

Por ello, cada vez más especialistas consideran al embarazo como una verdadera “prueba de esfuerzo” para la salud femenina. Así como una prueba de esfuerzo cardiovascular permite identificar personas con mayor riesgo antes de que aparezca una enfermedad, el embarazo puede poner de manifiesto alteraciones metabólicas, nutricionales y vasculares que ofrecen una oportunidad para intervenir de manera temprana. Esta visión transforma nuestra manera de entender la salud reproductiva.

Tradicionalmente, el objetivo principal de la atención prenatal ha sido favorecer el desarrollo del bebé y, sin duda, debe seguir siéndolo. Sin embargo, limitar el embarazo únicamente a ese propósito significa desaprovechar una oportunidad extraordinaria para cuidar también la salud futura de la madre. Promover una alimentación de calidad, identificar deficiencias nutricionales, mantener una composición corporal saludable y fomentar la actividad física durante la etapa reproductiva no solo mejora los resultados del embarazo, también contribuye a preservar la masa muscular, proteger la salud ósea y reducir el riesgo de enfermedades crónicas que condicionan la capacidad funcional y la calidad de vida durante el envejecimiento.

Esto adquiere una importancia aún mayor si consideramos que las mujeres viven, en promedio, más años que los hombres. El desafío ya no consiste únicamente en aumentar la esperanza de vida, sino en aumentar los años vividos con autonomía, fortaleza y bienestar. Quizá ha llegado el momento de dejar de ver el embarazo y la menopausia como dos etapas independientes. Entre ambas transcurren dos o tres décadas decisivas para la salud de las mujeres, décadas en las que es posible preservar el músculo y el hueso, corregir alteraciones nutricionales y metabólicas y construir las bases de un envejecimiento saludable.
Durante décadas hemos entendido el embarazo como una oportunidad para proteger la salud de la siguiente generación. Hoy la evidencia nos invita a ampliar esa mirada: también es una oportunidad para proteger la salud de la mujer que dará vida a esa generación.

La evidencia científica acumulada indica que el envejecimiento saludable no comienza en la consulta de geriatría ni con la llegada de la menopausia. Comienza mucho antes, cuando cuidamos la nutrición y preservamos el músculo, el hueso y la salud metabólica y mental, los pilares que sostienen nuestra capacidad funcional a lo largo de la vida. Así, cuidar el embarazo no es solo invertir en el futuro de nuestros hijos. Es también una de las primeras oportunidades para construir el futuro de nuestra propia salud.

Referencias

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Dra. Guadalupe Estrada-Gutiérrez es Investigadora en Ciencias Médicas del Instituto Nacional de Perinatología (INPer), en la Ciudad de México, e Investigadora Nacional Nivel 3. Su trabajo se centra en comprender cómo el embarazo y las exposiciones tempranas programan la salud de la madre y del hijo a lo largo de la vida, con especial interés en la nutrición, la obesidad, la placenta y el envejecimiento saludable. Además de su labor científica, está comprometida con la divulgación del conocimiento y con acercar la evidencia científica a la sociedad para contribuir a mejores decisiones en salud pública.

Yumiko Nakamura es pasante de Servicio Social de la Licenciatura de Médico Cirujano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), adscrita al Instituto Nacional de Perinatología (INPer). Como parte de su formación, participa en actividades de investigación dentro de las cohortes PROGRESS y OBESO, colaborando en proyectos enfocados en salud materno-infantil. Tiene un especial interés en la salud de las mujeres y en la investigación clínica y epidemiológica como herramientas para generar evidencia que contribuya a mejorar la atención y el bienestar perinatal.

 

 


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